viernes, 7 de marzo de 2008

Decisiones que matan el aLma

La confusión en la mente y el maldito corazón... qué corazón. De qué estoy hablando si el sentir me hincha las venas, la pena me corta filosa la garganta y la angustia me encorba la espalda.

Está en mí ese sentir absoluto y totalizante. Soy en él.

La partida y el vacío existencial.
La indecisión de hacer lo correcto, pero qué es lo correcto: ¿el deber-ser,
el querer-ser?

atrapado entre mis pensamientos y la pared
no encuentro ya tu luz
no siento ni veo tus sonrizas y detalles.

Me he quedado ciego y camino dando golpes torpes y tímidos

No sufras querida mía
No llores pequeña
Olvídame y deja que el viento me saque de ti

No dejes de ser aire ni de sonreír
las calles grises necesitan la limpieza de tu mirada
ahora seca y triste

perdona mis latigazos de viento y mis torpes palabras limitadas
lejos de ser mi sentir, busco des-esperado el vibrato único y perfecto de la divina confluencia de la música y del concepto

tropiezo y nuevamente lo intento
siempre terco
siempre honesto
siempre soñador

mi ser opacado busca raudo la salida hacia la ventana del tiempo
a ver si no te me apareces en los sueños
a ver si te me arrancan del pecho
a ver si me desgarran la piel y estás aún

sola
contra la miseria del mundo
sin mi errática protección
ni mi inexplicable compañía

hasta siem-pre

miércoles, 5 de marzo de 2008

Manifiesto contra la maLdita apatía

Queridos compañeros y amigos profesores

Les escribo con mucho pesar. Este malestar se acentúa más aún cuando recuerdo las constantes y típicas críticas respecto a “proyectos de verdad” en nuestra facultad. Críticas que vienen de una generación apática, nihilista, estancada. ¡Nuestra generación! Alguna vez reclamamos por un espacio para desenvolvernos, bueno, lo tuvimos y se llenó de nada.

Qué pasó compañeros. En qué momento dejamos de soñar. En qué momento se des-dibujaron las ambiciones y empezamos a conformarnos con que los demás resalten. Por qué no ser nosotros personajes históricos. El mundo se mueve vertiginosamente frente a nuestros ojos atónitos y no somos capaces siquiera de escribir nuestras emociones. Somos comunicadores: historiadores y periodistas. Nuestra labor es observar este presente y el presente pasado y entregarlo al-otro. Qué es lo que pasa, acaso no hay suficiente para escribir, denunciar y desenmascarar. ¿Debe morir más gente? ¿Debe haber más corrupción? ¿Debe haber más robos y homicidios? ¿Debe haber más miseria para que nos movamos de nuestros cómodos asientos?

Compañeros, tenemos la dicha de ser una clase estudiantil, porque está claro que la educación dejo de ser un derecho y es un privilegio. ¿Estamos aprovechando bien esta oportunidad? ¿Acaso no hay conciencia de que a nuestra generación le corresponderá las futuras decisiones?

El tema que iba abrir la revista era el descontento social. Tan desconformes estamos que ni siquiera queremos escribir. ¿O nos habrán tapado los ojos? La paradoja de vivir en una sociedad cada vez menos social parece tenernos anestesiados en nuestros pequeños mundos individuales, quitándonos las ganas de construir o mejorarla en algo. Lo teníamos todo: el apoyo, el financiamiento y la asesoría de nuestros maestros. Pero no fue suficiente. Nadie escribió algo para la revista.

Como miembro del comité de editores de este proyecto, dejo mi puesto a disposición de ustedes o del tiempo y el olvido. Me encantaría bombardear de panfletos incendiarios la escuela y proclamar la revolución de nuestro intelecto inquieto y sediento. Ser un terrorista solitario destructor de las mentiras sociales. Revelarme contra el maldito deber-ser y liberar los instintos de grandeza. Compañeros, no se pasa a la Historia sin antes luchar contra ella, y claramente en esta trinchera no se está luchando por nada.

Aristo

sábado, 1 de marzo de 2008

el ahora, presente: único tiempo de la acción


Esperar qué. No quiero seguir dopándome, engañándome. Frente a mis ojos el gris totalizante de la ciudad.
No existe el silencio.
Humo. Gritos. Frenadas. Insultos. Indultos in-justos. Incendios. Descontento.


Y si la ciudad no me gusta, me voy.

Y si esta gente me ensucia, la ignoro.


Astiado. Aplastado. Sedado. Golpeado. Atormentado. Timado.

Dónde estoy. Qué soy en este presente. Dónde caen mis gritos acallados.
Hacia dónde se dirijen mis errantes flechas.

El alma busca una salida
presa del veneno del cuerpo
la mirada se seca en una lágrima de cristal
y la lucha
y las ganas de trascender cae como cae el puñal del asesino:

certero
crudo

frío


la vida se des-ilumina
el parpadeo lento y fatalmente sedante

se des-materializan las formas
sin tiempo en espacios de aire
cae mi alma
en roja sangre al silencio absoluto

Desde el mundo de las ideas