sábado, 2 de agosto de 2008

Lluvia Óxido

se quebraron los ojos
la sensación extraña de que el aire del pecho me arrancaban
y sabiendo que no se puede pedir nada
el amargo en la garganta me asfixiaba
la ilusión atacada
el alma herida
pisoteada
por el látigo de la nada
cruel infamia
revienta el golpe en la cara
roja sangre blanca nada
cada letra arrojada
ácida lágrima en la almohada
negra noche atormentada


ríe Risato, ¡ríe!

miércoles, 30 de julio de 2008

Vida Mala Bendita Mentira

ni filosofía ni poesía
es simplemente la sensación de constante caída
el despertar cayendo
con el corazón rompiendo el pecho

caer y seguir cayendo
preso en la gravedad maldita
sé que voy directo al último golpe
sin Dios que me detenga caigo y sigo cayendo

no hay ideas ni estética
no hay personas ni creencias
sólo la infinita noche y el viento corta-gargantas

y a pesar de la caída algo veo
cierro los ojos y los colores florecen
en la negra noche del agujero frío y eterno

y la sensación de caída ahora es percepción del movimiento
y el vértigo parece caminar a paso lento
y la calma me dibuja una tímida sonrisa
y una diminuta felicidad me abrasa tierno
sé que caigo

me desafío:
abro los ojos

y la absoluta oscuridad me golpea violento el rostro
entre arcadas lucho por no vomitar mi corazón
el aire seco me corta los ojos y lagrimeo sangre
cuchillo
viento
ciclón
espesa mancha roja cae de abajo hacia arriba
de gota en gota formando una imaginaria poza
caigo
sé que caigo
y temo al golpe de esa caída
aterrado siento como el viento-tiempo me arranca las uñas de los dedos
de las manos
siento su oscura presencia maligna
el arranca-almas viene

cierro los ojos

aterrado aún, busco ese color
ese verde pastoso del moho de los viejos troncos
ese rojo arrebol que ensangrienta las nubes al atardecer
ese cielo espacio abierto del mediodía bajo el mar: todo azul
ese anaranjado rojizo cálido detalle de tu rostro junto a una vela
las sombras de tu cuerpo
claroscuro tímido

los tengo

ya no siento la caída
ahora me veo
siempre con los ojos cerrados
siempre cayendo, inexorablemente
al vacío frío de la no-existencia

y estoy con mi gente
ellos también caen, todos
todos juntos cayendo sin vernos
arrojados por nadie a la nada
despechados y bastardos
todos caemos
todos sin vemos

y sorpresivamente una sensación de felicidad me emborracha
acompañado en mi solitaria caída puedo escuchar
escuchar-los
a ellos
al viento rozando las débiles hojas de un árbol
pasando entre sus cafés ramas
escucho el látigo del mar azotando la costa en eternas olas

escucho una voz
es la mía

caigo

puedo hablar
hablar con ellos
con el viento
con las ramas
con la montaña
con mi cuerpo que se atreve a moverse

siempre con los ojos cerrados
en la rigidez del cuerpo que cae
sorprendo con un osado baile
ridículo
absurdo
burlesco

felino me muevo libre entre color y color
dueño de mí mismo
verdugo de mi pánico

y de un momento a otro
se me inyecta agudo en la nariz un olor
el olor de las flores
el olor del tabaco
el olor de tu cuello

mi cuerpo se estremece

paralizado, caigo sin sentido
y a causa del impacto nuevamente cierro los ojos
se me ha olvidado que caigo
se me ha olvidado preocuparme
se me ha olvidado el dolor de la sangre
sigo cayendo, sigo cayendo

flotando en mis mentiras me condeno a ser feliz
hasta el golpe final de mi caída
hasta que la oscuridad se rompa con el azote y el destello de la blanca muerte

pero aún no toco fondo
señor de mis precipicios
me atrevo a abrir los ojos y a sonreírle a mi negro destino


Aristo
lobo de sus temores

La maldición


son las sensaciones estomacales
las agujas que me clavan lento y profundo
una a una
en la garganta
en la espalda
en los brazos
en los dedos
en la mente
en los pies


el asco de despertarme asfixiado por las mañanas
la náusea de mirarme al espejo
la bilis que me quema la tráquea
el vómito de sangre que chorrea la limpia hipocresía hogareña

el silencio suicida
la tensión en las sienes que me revienta el cerebro
el cuerpo tieso
muerto viviendo mi propia muerte
caigo preso de mí
agotado
aplastado por el día a día
ahorcado por siniestras mentiras
electrocutado por el dolor de la vida
fluyen espasmos como fluye el torrente vertiginoso de la sangre
presionando las venas
hasta que se revienten
y todo se tiña de espeso rojo
y la mente negra quede en blanco

el tiempo me corta la yugular
y me triza la cara
y me bota al suelo
y se mea en mis sueños

aturdido no me incorporo
más vómito
más náusea
más asco
más odio en los ojos
más negras noches, más fuerte se me revientan los oídos


y me desollo la piel con los dientes
caníbal víctima de mi hambre busco la explosión de los sesos
y degollarme y marcar mi corto camino con sangre

golpearme los puños contra duras murallas destino
que los huesos se abollen
que arda
¡que arda cada hueso en el infierno!
manjar para los perros del Maligno
y el pecho abrírmelo
a dos manos rajarlo
arrancarme el corazón temeroso palpitante
y pisotearlo hasta que reviente
hasta que me caiga al suelo
hasta que se me cierren despacio los ojos
hasta que la blanca-nada-absoluta absorba mi último color
hasta que el último suspiro se pierda en esta última letra de sangre

...

Aristo
perro bastardo

Desde el mundo de las ideas