La hoja en blanco no me intimida. He pasado una larga temporada en las más profundas oscuridades. De hecho, aún lo estoy. Su luminosidad no me lastima. Todavía no veo la luz, pero creo en ella. Preso anduve en una libertad que no quería: la libertad del vagabundo que se aleja de sí. Borracho de palabrerías caminé errante sin saber que me hundía en profundidades ajenas. No en las mías. Y la sensación de caos revolvía mi estómago y mis pensamientos. La noche negra y el tedioso día. Unos tras otros sin sentir como pasan los días. Sin tener la menor idea de cómo reacciona mi cuerpo al efecto del tiempo. Debo volver a mí y crear una nueva tabla de valores. ¡Con ella construiré mi camino hacia la luz!
Don Aristo Risato y que hable el martillo
Es él, ser de voz y viento que habita dentro de mi piel. Es Aristo Risato, el de las ideas malditas, el de las letras de sangre.
viernes, 15 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
accidente blasfemo
ya no somos niños
somos unos hombres malditos que aún sentimos
sus palabras, cómo duelen
cada una de sus filosas letras me corta por dentro
pero antes de eso
la puñalada sorpresiva
con un sonido seco y un golpe
entra profunda al pecho mientras todo lo rompe
plata plata plata
plata esto
plata esto otro
cariños de plata
amores de plata
me revientan los ojos las ácidas lágrimas
me siento rojo
hirviendo en sustancias sulfurosas que me taladran la frente y las sienes
el cuerpo golpeado, amortillado
el alma violentada y el corazón desangrado
somos unos hombres malditos que aún sentimos
sus palabras, cómo duelen
cada una de sus filosas letras me corta por dentro
pero antes de eso
la puñalada sorpresiva
con un sonido seco y un golpe
entra profunda al pecho mientras todo lo rompe
plata plata plata
plata esto
plata esto otro
cariños de plata
amores de plata
mientras la lágrima que al bajar pienso
no pienso
siento los temores de la infancia
y pesa sobre mí el manto de la enfermedad
los gritos
la pena
el odio
me revientan los ojos las ácidas lágrimas
me siento rojo
hirviendo en sustancias sulfurosas que me taladran la frente y las sienes
el cuerpo golpeado, amortillado
el alma violentada y el corazón desangrado
a
r
i
s
t
o
vuelve el cazador
con un muy mal no-poema
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