martes, 7 de agosto de 2012

Como todo río, este fluido no ha terminado

Verte
Verte en cada luz que marca

Una huella, un camino, una vida para camaniarla
Juntos

Recorre por mis venas como recorreríamos
Las carreteras

El mundo son tus colores arrojados de tu brocha
Mujer de todos los colores y calores

El calor sobre el cuerpo
El olor emergiendo
De los poros abriéndose en flor

Siendo suave humedad ardiente
Y un gemido apenas soplado
Sin el permiso de tu boca
Llave de labios
De mariposa son las lenguas

Las que mojan y devoran carne
Comunión de cuerpos estrellados
En una noche más de todas las noches

Otros vientos soplaron
Y hoy mis manos siguen siendo de tus caderas
Mujer del mar
Mujer, tengo tus ojos
Estrellados en los míos
Y siguen estallando
En una humedad cósmica
De silencio y ríos en las venas
De planetas girando y de mi cuerpo buscando (te)

No habrá
Nunca más
Ese abrazo a mi espalda

No habrá
Nunca más
Ese despertar juntos

No habrá
Nunca más
Esas risas cómplices

No habrá
Nunca más
Porque ya han sido

Fueron
Creo en los cuentos
Sigo creyendo en el Amor
No temo a nada



lunes, 30 de julio de 2012

Sorpresa

Tras mucho caminar encontré la librería que un viejo poeta australiano me recomendó, en una tarde más de este otoño. I
Mi impresión fue escalofriante cuando al entrar vi estos libros, juntos.



miércoles, 25 de julio de 2012

Mujer chilena

Ella estaba sentada en el paradero de micros. Sola. Con una bolsa colgando de su mano, que también cuelga, de su cuerpo que luce cansado. En mi aún mal inglés le pregunté cómo llegar a la estación de trenes. Me preguntó si era chileno. Sí, le dije, lo soy. Nos fuimos juntos en la micro, que ella insistió en pagarme. Me habló de sus hijos, de que llevaba viviendo 35 años en Australia; sentados los dos frente a frente, ella mirándome a los ojos y yo un poco emocionado le ofrecí una naranja que llevaba en mi mochila. Ella dijo que no, que yo la necesitaría más. Y me sonrío con su cara de bondad de madre, quizás de abuela. Ante mi silencio ella sacó de su bolsa un boomerang y un llavero que tenía para regalar a una hermana que no vería ese día. Y yo y el frío, y yo y las lágrimas contenidas en la garganta, y yo mirándola como si la abrazara. Se levantó de su asiento y se bajó. Cuando el bus partió, Fresia se quedó mirándome de afuera, despidiéndose con su mano.

Desde el mundo de las ideas