martes, 17 de abril de 2007

Cristales

Nunca pensé en la cristalización de mis abstractos sueños de aire.

Que ese aire mágico se materializara en ti.

Tú y mis sueños, lo más mío que tengo.

De polvo cósmico pasaste a insensible flecha certera y despiadada

que asedia violenta mis temores de que te quiebres, cristal perfecto, cortándome el cuerpo y los sueños,

los malditos sueños,

reventándome en lágrimas de sangre espesa, entregándome despiadada

a la maldición asumida de solos caminos

fríos sin tenerte, sin sentirte, olvidándote

con odio y maldiciendo, una vez más, al mundo miserable.

Aristo

sábado, 7 de abril de 2007

La única verdad: ¡Es que no hay verdad!




La cuestión no son las respuestas, sino las nuevas preguntas.


La formulación que busca la esencia profundiza las respuestas, trasciende a los seductores brazos del conformismo y a la babosa consideración de los "sabios".




Es una búsqueda constante, dinámica. Nunca es suficiente.


Estamos sedientos de saber


(¿o no será más que la confirmación de nuestro vacío?).




Nos movemos sin-sentido,


revotando y cayendo.


Preguntando y creyendo.




Hacia dónde ir es la cuestión. Por qué debemos ir a algún lado. Para qué. Y llueven respuestas. Impuestas. Siniestras. Venenosas. Fatalmente exquisitas.




El mundo gira y avanza y nuestras preguntas pasan y mueren.


Y la angustia de no tener respuestas ni verdades absolutas mata como la más cruel pandemia. Hay verdades esparcidas en todo lugar, pero todas ellas sin cotenido.




Se cree porque en algo se debe creer


(para soportar la existencia, dijo una gran amiga).


Las verdades existen porque existe la vida. No hay vida sin verdades.






(quizás sólo hay que invertir la formulación e interrogar a la interrogante)

lunes, 2 de abril de 2007

La pena de Dios

Será orgullo? Será odio? Helada indiferencia?

O simplemente el descaro de un loco que no sabe hacia dónde apuntar con sus flechas de oro?

La lucura de un héroe caído de la imaginación de un niño a la perversa y canalla encarnación de un padre…

Dios mío, si tan sólo existieras.

Pero no. Ambos somos lo mismo: fría maldad que inducimos a los demás a creer lo que queremos que ellos crean; sin saber que somos unos bastardos.

Desde el mundo de las ideas